![]() |
| Pajaritos y una especie de rueda de bici de selección natural. Gracias, Darwin. |
9:08 a.m., parque Bustamante, iba por la ciclovía, tranquilita.
Cero estrés, total, como dice un amigo, a nadie le dan premios por llegar primero a la oficina. Esta vez no tomé mi ruta alternativa, porque escuché que un semáforo crítico estaba fuera de función, así que me vine por la ruta de siempre, pura ciclovía.
Compartiendo el camino, iban al menos 7 ciclistas, todos prudentes, en dirección a Plaza Italia. Uno que cayera podría causar estragos, pero todos íbamos bien despiertos.
Y en medio de la ciclovía, una señorita caminando, pelo mojado, ritmo acelerado, muy campante. Ya la habían adelantado 4 ó 5 ciclistas, y cuando pasé por su lado, más lento, con cuidado de no rozarla siquiera, no dejé de decirle "Señorita, tenga cuidado, esto es una ciclovía".
"¡CLARO! ¿y cuando ustedes van por la vereda atropellándonos? ¿ah? ¿AH?"
Ni me enforcé en contestarle algo, sus gritos quedaron atrás, ahogados. Creo que el ciclista que iba detrás mío le entregó alguna información pertinente, una nota al margen.
La verdad es que así, con esos argumentos, no se puede siquiera conversar, o establecer un punto de cordura. Entiendo el estrés, entiendo la época del año, que para nadie está sencillo esto de las navidades y las fiestas, y el trabajo y todo, pero así no se puede conversar. Si el argumento es "camino por tu vía, me expongo a un accidente, porque todos ustedes nos invaden nuestra vía", pues la teoría de la selección natural me resulta, por decirlo de algún modo, razonable. No me lo explico de otro modo.
Si con buena intención uno le dice al peatón que va por mal camino, que es peligroso, casi llevándolo de la mano hacia un sitio seguro, y la respuesta es esa...¿qué hace uno?
Así no se puede, no más.













