lunes, 17 de noviembre de 2025

"Oye ¿y tú sigues pedaleando?"

Hace poco me preguntaron esto. 

Uno diría ¿por qué? Si no he dejado de pedalear.

Primero, han pasado 10 años desde que escribí acá, tratando de posicionar el tema de usar la bici parar ir y volver del trabajo (sea cual sea), y no he dejado de pedalear ni un momento. O tal vez sí, sólo cuando he estado muy enfermo, o mi bici ha fallado. Sospecho eso sí por qué no se me nota tanto.



He transicionado. Y no de bici a moto, o de bici a auto. Ahora soy un UN ciclista, ahora soy transmasculino, y muchas cosas han cambiado, y eso incluye la forma en que uno es observado mientras usa el espacio público, viéndose de una forma u otra.


Un dia post kine, con la bici.


Aparte de eso, me he empezado a dedicar a otros activismos pero justamente vinculado a esto último,  a lo de ser trans, y ser parte de la comunidad LGBTIQA+. Por si fuera poco, estoy en política, en el Frente Amplio. No vivo en Ñuñoa (aún), no soy vegano, sí uso totebag pero no es de MUBI. Hago además drag, así que soy oficial travesti.Ya no soy vegetariano, aunque consumo pocos animales. No tengo cómo hacerme chasquilla recta tampoco, porque uso el pelo muy cortito, y se me ha ido cayendo. Así que, bueno, full militando en las izquierdas (¿Hubo alguna duda alguna vez?), del FA, y dándolo por un mejor país, un día a la vez.

10 años no pasan en vano, y en el pedaleo tampoco. Tengo mayores habilidades, cambié mi bici por una semi pistera, que aguanta los baches feos de mi ciudad, y también me permite pedalear en gravilla y maicillo, clásico piso de los parques de Santiago. Ya me di un tremendo costalazo por ahí por el 2016, y no me he vuelto a caer, dominando su manubrio clasico de pedalero retro, con un marco enorme, aro 28 y mucha velocidad, digamos, aunque no lo suficiente.

Y es que cuando te leen como varón aparece LA COMPETENCIA.

No, no es mi afán competir nunca, porque la verdad lo único que me interesa es llegar a tiempo a mis objetivos (la pega). Pero los otros hombres (cis) que pedalean con uno por el camino plantean cada pedazo de asfalto como una afrenta, una competencia, un "tengo que ganar y derrotar", que a mí poco me importa.

Con la competencia viene la pasión, y con la pasión, a veces, la violencia.

Y en estos 10 años, la violencia como un componente social natural, es algo que ha pasado de ser actor de reparto a protagonista de dramas y tragedias. Que no se entienda mal, la violencia en muchos casos es necesaria, y también es síntoma de algo de base, algo más profundo, por tanto suprimirla puede ser peor... pero por favor, somos ciclistas urbanos en una ciudad que nos detesta de muchas formas: ¿es necesario llevar la mediocridad vehicular a su nivel más violento sólo para llegar a una nueva luz roja?

Y sí, hablo de mediocridad, y una buena dosis de estulticia, porque usando el máximo de recursos se llega al máximo riesgo: me pasa un varón para adelantarme, ¿rozándome? riesgo de caída doble. ¿Un ciclista viene en sentido contrario por una muy estrecha ciclovía? riesgo nuevamente de caer doble, y más, me insulta si le hago un gesto de "oye, estás mal". Y me grita con real dramatismo. 

Wow...

Está comprobado estadísticamente que las conductas más riesgosas en vehículos son llevadas a cabo por varones, y todo esto, sazonado con un alza de la violencia en las calles de las capitales más pobladas, especialmente post pandemia, no es una mezcla muy bonita.

Así es como ha ido cambiando el uso de la bici, en Santiago al menos, y cómo ha ido cambiando el uso de la bici conmigo, con esta nueva skin, con un nuevo cuerpo, pero con la misma capacidad de pedalear por calles y ciclovías, cuidando mi seguridad y la de los demás. 


Aquí con la @elmundodeMapapo, full modo Cicletada de las Niñas

Hay otras cosas muy buenas de las que quiero escribir próximamente, que tienen que ver con un cambio soñado en el eje central de nuestra ciudad de Santiago. Es algo que va a dar que hablar, y mucho para pedalear.

Eso. Y sigo pedaleando, cada día. ¿por qué habría de abandonarlo?





viernes, 9 de octubre de 2015

A la pega, por el cerro San Cristóbal

Ando en bici porque es entretenido. Pero también ando en bici porque es gratis, y casi más rápido que andar en micro y muchísimo más cómodo que andar en metro. Además, logro hacer de la rutina diaria de viajar a la pega algo más amigable. Y fue para variar esa rutina que comencé a irme #alapegaencleta, pero por el Parque Metropolitano. Sí, por el cerro San Cristóbal, y les digo algo? Es increíble.

A pesar de los años que llevo andando en bici, nunca fui muy asiduo del cerro, así que no sabía a lo que iba… ah, ando en una bicicleta de una velocidad.


El lunes 28 de sep partí, tipo 8.15 y me sorprendí con la primera subida. Por lo que me acordaba, era super empinada, pero resultó ser menos de lo esperado. Ese día llegué hasta el cruce con la bajada a Pedro de Valdivia.

De ida, me demoro casi lo mismo que irme por av. Providencia, pero por el cerro hay sudor, dolor y frío, silencio, reflexión y desconexión… y la recompensa de la bajada.


Hoy, a dos semanas, ya no solo subo en la mañana, si no que a la hora de almuerzo me escapo y subo por la entrada de La Piramide, almuerzo en la Plaza Antilén y bajo a Pedro de Valdivia. Le paso a dar un beso a mi mujer, y me devuelvo a la pega, con el ánimo recargado para poder sobrevivir encerrado en una oficina.

Ojalá que toda la gente que pueda, se atreva a hacer este recorrido. Es un poco complejo al comeinzo, pero creame que vale la pena. Si ud quiere intentarlo, le recomiendo parta el día sábado sacando el cálculo de cuánto se demora y tanteando el terreno.


lunes, 22 de junio de 2015

el día en que consideré en irme de Santiago

ilustración de Naturali ;)


Ayer domingo se decretó emergencia ambiental para hoy lunes en Santiago, o mejor dicho, en la Región Metropolitana.

Bueno, a estas alturas, no suena muy llamativo: las palabras "pre-emergencia", "restricción" y "contaminación" conviven con nosotros desde hace unos 30 años.  Desde que tengo uso de razón que ha existido eso de "oye, atento con la restricción ¿qué dígito tocaba hoy?", sobretodo antes, cuando no existían los autos catalíticos, y los dígitos se sucedían sin parar. Luego llegaron los autos con convertidor, y de pronto todo sonó a magia, como que daba lo mismo: el aire iba a mejorar, ¿qué más daba comprarse un auto, bencinero o diesel?

Eso creíamos, ¿verdad?

Ayer domingo fui a un evento en Estación Mapocho, y al salir de ahí a las 16:00, vi una sopa de aire espeso, de color gris. No era aire, era bruma seca con partículas, se podía sentir en la garganta, en cada bocanada. Este aire no es aire, es humo, picando en los ojos, en la nariz...

Y me dije "vivo justo al centro, esta sopa me ve dormir, caminar, despertar, a veces no se ven los cerros de Renca, ni siquiera el San Cristóbal en forma nítida." Y me sentí como sin escape, pensando "cuánta porquería  me meto en los pulmones cada día, y así mismo los niños, los viejos, la gente toda de Santiago". Luego pensé "y para peor, la gente está cada vez más violenta, el estrés y el hollín nos come el espíritu, no sólo en la capital, en muchas ciudades...".

Me dije: "¿No será hora de pensar en irse de Santiago?".

Para muchos, la respuesta es "sí". Para mí no, si pienso en trabajo, en crecer profesionalmente, y sobretodo, en pensar una nueva ciudad, articulada desde lo humano.

Para mí no es solución pensar en irme de Santiago, porque mi lugar, por ahora, está acá, profesionalmente, y en todo sentido. También pienso en que cada día, muchos ciudadanos usamos la bicicleta como un medio alternativo, o complementario al sistema de transporte actual de Santiago, no como su única solución (no somos tan ilusos, ¿eh? aunque bien podemos pensar en una población menos sedentaria y más determinada). Con esto, creemos poner un granito de arena en un proceso que nos afecta a todos.

Santiago está enfermo, no hay duda de eso. Hoy se le prohibió la circulación al menos a todos los dígitos de patentes de automóviles sin convertidor catalítico, y al menos a 4 dígitos de los que sí prometían menos contaminación, además de la paralización de cerca de 2800 fuentes de emisión de gases fijas. Todas estas medidas son las correctas, se dejaron de lado por mucho tiempo, pero al fin se hace algo. ¿Baja el nivel de contaminación? Claro, pero vuelve, como las soluciones parche, siempre vuelve el problema. ¿En qué herramienta confiar? ¿En quién?

Confiamos y ponemos nuestra esperanza en la lluvia, en el Estado, en instituciones privadas o sociales para que todo mejore, para estar menos contaminados en esta cuenca y en otras ciudades del país. Sin embargo, acá viene el tirón de orejas: nosotros mismos somos la fuente de emisión, nosotros tenemos parte de la solución. ¿Qué hemos hecho? Nada. ¿Pedaleamos, caminamos, consideramos compartir el auto, o le exigimos a los políticos por los que votamos que realmente se pongan de nuestro lado, no del lado de intereses del empresariado? No, nada de eso. Miramos el cielo lamentándonos.

La solución, como siempre, la tenemos nosotros, la ciudadanía. Hay que mover más las voluntades propias, dejar de lado el individualismo, y pensar en la comunidad para que el cambio, ese cambio de verdad, que todos soñamos, realmente comience. De otro modo, estamos fritos.


miércoles, 9 de julio de 2014

La ciclista "pedante" y el automovilista frustrado



Ayer, por tres cuadras, me convertí en ese personaje detestable: el o la ciclista "pedante".

Es ese ciclista que va pedaleando tranquilamente, contento ahí afuera de la carrocería del pobre automovilista, atrapado en el taco. Ese ciclista que, eventualmente, llega a un cruce de calles, y debe esperar a que pasen los peatones, como debe ser...

...hasta que detrás suyo siente un bocinazo descomunal. Uno de los automovilistas de turno le ha destemplado hasta las tapaduras con su claxon: quiere pasar, obviar a la masa de peatones, dejar a un lado al ciclista. ¿por qué está en su camino? No lo entiende.

Miré hacia atrás para ver quién me pedía pasar, y vislumbré un taxi, patente naranja. Velozmente, sin peatones por delante, me dispuse a seguir por la calle, y detrás vino el taxista, haciendo rugir su motor, como si pudiera volar acelerando en 100 metros de calle. Pasó por mi lado mirando con furia, mientras yo me reía.

¿Por qué me reía?
Porque la calle también me pertenece, y el automovilista no iba a llegar muy lejos.

Al virar en la siguiente calle, el taxista se encontró con un taco: calle Marcoleta, antes de llegar a Carmen, decenas de camiones, motos, autos, camionetas, todos compactados como edificios. El taxista furibundo quedó al principio de la cuadra, detenido, y yo pasé por su lado derecho, luego pudo verme por el frente de su capó: lo miré con una sonrisa, sin tocarlo, sin más.

No quería burlarme, pero...¿qué había sacado él con su pique de Fórmula 1, con su bocina?

Así mismo, pude llegar a Carmen antes que nadie, con el cuidado respectivo. Peatones a salvo, yo a salvo, lejos de imprudencias.

Una vez más, la bicicleta fluía, como agua entre las piedras.
Y el taxista furibundo sólo alcanzaba a suspirar detrás de su volante.


miércoles, 19 de marzo de 2014

Edificios detenidos y otros laberintos



Usualmente voy por calles sin mucho tráfico para irme a la pega, y hoy había un cónclave de buses y camiones justo en la calle que más uso. Era curioso, y hasta gracioso, porque los taxistas, como una, usan esta calle para evitar otras avenidas más grandes, con tacos, como Carmen, y se encontraron con una pared de carrocería y fierros. Yo misma me vi entre dos moles inútiles, esquivando, escurriendo a velocidad prudente. Salí victoriosa, por cierto, y sin peligro alguno.

Igual hoy escuchaba en la mañana todos los tacos que se produjeron en Santiago: eran más de 10, y todos en calles de alto flujo, en cruces críticos, en túneles urbanos. Además, una se acuerda del 12% de aumento anual del parque automotriz en la capital chilena, y cómo no hay desincentivo alguno por parte del Estado, para que no tengamos una calidad de vida tan precaria, todo por la mala relación usuarios/regulación/infraestructura vial.

Queda para rato, sí. No quiero poner mi fe en personajes políticos, ni en el gobierno de turno, pero creo que un buen plan de educación vial, sólido, a largo plazo, vinculado a la enseñanza básica y a los apoderados, sería el primer paso de muchos para generar un cambio de verdad. Al menos el intendente actual de Santiago, el señor Orrego, la tiene clara. Es usuario de bici en forma regular, y desde hace años, me han contado.

Pedaleemos con conciencia, y sigamos circulando por la calle, que es lo que falta en Santiago. Y no olvidemos que la calle es de todxs, con precaución.

viernes, 14 de marzo de 2014

3 kms. extremos



Mi tramo de la casa al trabajo y del trabajo a la casa es ínfimo: 3 kms. muy sencillos, que recorro más que nada por calzada, muy poco por ciclovía.

Ayer volvía veloz a casa, en esta ruta: Bustamante a Ramón Carnicer, de ahí a Bilbao, que luego se transforma en Curicó, de ahí a Carmen, para llegar a mi casa. Este tramo tiene más ciclovías que el tramo de "ida", así, tipo 19:00, se satura con ciclistas y autos que viran para irse a casa.

Todo partió con una micro atravesada en la ciclovía + cruce de Curicó con Fray Camilo. Un ciclista con rutera ya estaba alegando pegado a la carrocería. El conductor de micro ni se dio cuenta, probablemente. Una vez se movió, pudimos retomar la ciclovía hacia "abajo".

En la ciclovía de Curicó, donde hay una bencinera en la esquina de Portugal, una moto MadAss con medio cuerpo sobre la ciclobanda amenazaba con tirarse. Gentilmente, le dije "¡Frúncete un poco!", con 6 o 7 ciclistas detrás mío. Adelante, una camioneta con su cola en plena ciclovía nos cerró el paso, y detrás se metió el mismo motorista. Lo miré en la luz roja, y le dije "Pero no te metas por acá, pues... te van a pasar un parte, y no te corresponde estar acá". El tipo asentía con algo de culpa.

Gran cosa, después la moto se perdió en la calzada, como debía ser.

A la siguiente cuadra, un señor de tercera edad caminando con un coche, y dentro del coche un bebé pequeño, en sentido contrario al tránsito de la ciclovía. Pasábamos masas de 100 kilos, de 70 kilos muy rápido, por su lado..."Señor, es muy peligroso! salga de acá!".

Ni se inmutó...

Acto seguido, un ciclista me sobrepasó por la derecha, rozándome, mientras balbuceaba algo con rabia. Seguramente le parecí muy lenta, al bajar la velocidad para no pasar a llevar el coche con guagua.

"Otro conductor de auto estresado que se ha trasladado a la bici"...pensé.

De ahí doblé hacia Carmen, tomando su ciclovía. En la entrada de un edificio, a menos de una cuadra de mi casa, un automóvil se posó delicadamente sobre mi camino (señalado con "cruce de ciclistas, preferencia, cuidado") y abría el portón lentamente.

"¿Me dejas pasar por delante? Gracias!" le ofrecí una sonrisa, mientras metía muy lento la bici en el metro que quedaba entre su parachoques y la entrada al estacionamiento, hasta que ¡Oh, sorpresa! Me echó el auto encima. Mi reacción no fue la mejor, pero mantuve la dignidad. "Espérate un poco, porfa! qué te pasa!".

Esos fueron sólo 3 kilómetros, donde queda patente cómo volvió marzo con brutalidad, y de paso, nos quitó el sentido común en las calzadas, ciclovías, veredas...¿Lección? buscaré una ruta alternativa para volver a casa. A ver si así logro contarles algo positivo la próxima vez.




jueves, 20 de febrero de 2014

El estampado

Tuve un mal día. Sólo quería irme a la casa y ni siquiera irme rápido. Lo de los arreglos en una de las avenidas principales en Providencia ha complicado el tráfico camino al trabajo y ahora las micros pasan por calles chicas y en vez de disfrutar de las únicas semanas de tráfico tranquilo del año...
Entonces yo me voy tranquilito por Carlos Antúnez y casi al llegar a Pedro de Valdivia, una amorosa gaia abre la puerta del copiloto y...
Hay gente que tiene la capacidad de endorsar sus errores a los demás. Yo ni siquiera la insulté de entrada, pero creer que pidiendo disculpas quedan exonerados de toda responsabilidad y culpa me dejó con la boca abierta. Finalmente, esta señorita se fue, se desentendió y el que tuvo que ofrecer disculpas por "el mal rato" fui yo. Todo con una sonrisa bien grande y mirando siempre a los ojos.