miércoles, 19 de marzo de 2014

Edificios detenidos y otros laberintos



Usualmente voy por calles sin mucho tráfico para irme a la pega, y hoy había un cónclave de buses y camiones justo en la calle que más uso. Era curioso, y hasta gracioso, porque los taxistas, como una, usan esta calle para evitar otras avenidas más grandes, con tacos, como Carmen, y se encontraron con una pared de carrocería y fierros. Yo misma me vi entre dos moles inútiles, esquivando, escurriendo a velocidad prudente. Salí victoriosa, por cierto, y sin peligro alguno.

Igual hoy escuchaba en la mañana todos los tacos que se produjeron en Santiago: eran más de 10, y todos en calles de alto flujo, en cruces críticos, en túneles urbanos. Además, una se acuerda del 12% de aumento anual del parque automotriz en la capital chilena, y cómo no hay desincentivo alguno por parte del Estado, para que no tengamos una calidad de vida tan precaria, todo por la mala relación usuarios/regulación/infraestructura vial.

Queda para rato, sí. No quiero poner mi fe en personajes políticos, ni en el gobierno de turno, pero creo que un buen plan de educación vial, sólido, a largo plazo, vinculado a la enseñanza básica y a los apoderados, sería el primer paso de muchos para generar un cambio de verdad. Al menos el intendente actual de Santiago, el señor Orrego, la tiene clara. Es usuario de bici en forma regular, y desde hace años, me han contado.

Pedaleemos con conciencia, y sigamos circulando por la calle, que es lo que falta en Santiago. Y no olvidemos que la calle es de todxs, con precaución.

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