![]() |
| Cortesía de Furiosos.cl |
Siempre veo la animita del Arturo.
Como parte de mi ruta de todos los días, la animita del Arturo Aguilera, un ciclista atropellado por un conductor irresponsable, aparece antes de la ciclovía de Bustamante, como una explosión de colores y flores.
Hoy vi una chica sentada frente a su bicicleta blanca, rezaba el rosario. A su lado, una señora algo mayor acompañaba en la letanía monótona, de fórmulas antiguas para pedir por su alma, por su descanso, o simplemente pensar en ese otro que se fue antes de tiempo con amor, como quiera decirse, de acuerdo al credo (o no-credo) de cada cual.
Arturo era de mi misma facultad, y la verdad nunca lo conocí directamente. Sí fue conocido y amigo de una de mis grandes amigas, y no es necesario que explique todo el nexo de conocidos, los infinitos grados de separación en el mundo del diseño y de los ciclistas, para recordarlo y observar el lugar con cariño.
Porque siempre que paso por ahí, pienso: "Esa podría ser yo, mi novia, mi amigo de la oficina, podría ser uno de mis primos, podría ser cualquiera".
Y como si se tratara de un amigo, le dedico una sonrisa, adornada con un "estás en nuestros pedales, Arturito. No te fuiste".





