Hoy tengo la bici con piñones nuevos.
No pasó tanto tiempo, en verdad. Volvió a irse el cuerpo con el marco, y el marco con la horquilla, y el volante y el manubrio, volvió a volar todo, en una pura línea azul.
Eso es lo rico de pedalear, en las mañanas te espera la velocidad, y de vez en cuando, un rostro gentil, que se detiene al lado, en la calle.
Por ejemplo, la chica rubia que hoy se paró al lado mío. Su bici era una rutera flaquita como un suspiro, no llevaba casco, y usaba unas botas vaqueras para ponerle rudeza a los pedales. Miró a un lado y otro en la esquina de Bilbao con Bustamante, se empinó sobre el sillín, sonrió y partió. Volaba, era tan ligera como la bici que usaba.
Se alejó como si flotara, con esos neumáticos lisos, leves.
Yo sólo alcancé a decir "Qué bueno que ya viene la primavera".

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