Tuve un mal día. Sólo quería irme a la casa y ni siquiera irme rápido. Lo de los arreglos en una de las avenidas principales en Providencia ha complicado el tráfico camino al trabajo y ahora las micros pasan por calles chicas y en vez de disfrutar de las únicas semanas de tráfico tranquilo del año...
Entonces yo me voy tranquilito por Carlos Antúnez y casi al llegar a Pedro de Valdivia, una amorosa gaia abre la puerta del copiloto y...
Hay gente que tiene la capacidad de endorsar sus errores a los demás. Yo ni siquiera la insulté de entrada, pero creer que pidiendo disculpas quedan exonerados de toda responsabilidad y culpa me dejó con la boca abierta. Finalmente, esta señorita se fue, se desentendió y el que tuvo que ofrecer disculpas por "el mal rato" fui yo. Todo con una sonrisa bien grande y mirando siempre a los ojos.