viernes, 14 de marzo de 2014

3 kms. extremos



Mi tramo de la casa al trabajo y del trabajo a la casa es ínfimo: 3 kms. muy sencillos, que recorro más que nada por calzada, muy poco por ciclovía.

Ayer volvía veloz a casa, en esta ruta: Bustamante a Ramón Carnicer, de ahí a Bilbao, que luego se transforma en Curicó, de ahí a Carmen, para llegar a mi casa. Este tramo tiene más ciclovías que el tramo de "ida", así, tipo 19:00, se satura con ciclistas y autos que viran para irse a casa.

Todo partió con una micro atravesada en la ciclovía + cruce de Curicó con Fray Camilo. Un ciclista con rutera ya estaba alegando pegado a la carrocería. El conductor de micro ni se dio cuenta, probablemente. Una vez se movió, pudimos retomar la ciclovía hacia "abajo".

En la ciclovía de Curicó, donde hay una bencinera en la esquina de Portugal, una moto MadAss con medio cuerpo sobre la ciclobanda amenazaba con tirarse. Gentilmente, le dije "¡Frúncete un poco!", con 6 o 7 ciclistas detrás mío. Adelante, una camioneta con su cola en plena ciclovía nos cerró el paso, y detrás se metió el mismo motorista. Lo miré en la luz roja, y le dije "Pero no te metas por acá, pues... te van a pasar un parte, y no te corresponde estar acá". El tipo asentía con algo de culpa.

Gran cosa, después la moto se perdió en la calzada, como debía ser.

A la siguiente cuadra, un señor de tercera edad caminando con un coche, y dentro del coche un bebé pequeño, en sentido contrario al tránsito de la ciclovía. Pasábamos masas de 100 kilos, de 70 kilos muy rápido, por su lado..."Señor, es muy peligroso! salga de acá!".

Ni se inmutó...

Acto seguido, un ciclista me sobrepasó por la derecha, rozándome, mientras balbuceaba algo con rabia. Seguramente le parecí muy lenta, al bajar la velocidad para no pasar a llevar el coche con guagua.

"Otro conductor de auto estresado que se ha trasladado a la bici"...pensé.

De ahí doblé hacia Carmen, tomando su ciclovía. En la entrada de un edificio, a menos de una cuadra de mi casa, un automóvil se posó delicadamente sobre mi camino (señalado con "cruce de ciclistas, preferencia, cuidado") y abría el portón lentamente.

"¿Me dejas pasar por delante? Gracias!" le ofrecí una sonrisa, mientras metía muy lento la bici en el metro que quedaba entre su parachoques y la entrada al estacionamiento, hasta que ¡Oh, sorpresa! Me echó el auto encima. Mi reacción no fue la mejor, pero mantuve la dignidad. "Espérate un poco, porfa! qué te pasa!".

Esos fueron sólo 3 kilómetros, donde queda patente cómo volvió marzo con brutalidad, y de paso, nos quitó el sentido común en las calzadas, ciclovías, veredas...¿Lección? buscaré una ruta alternativa para volver a casa. A ver si así logro contarles algo positivo la próxima vez.




jueves, 20 de febrero de 2014

El estampado

Tuve un mal día. Sólo quería irme a la casa y ni siquiera irme rápido. Lo de los arreglos en una de las avenidas principales en Providencia ha complicado el tráfico camino al trabajo y ahora las micros pasan por calles chicas y en vez de disfrutar de las únicas semanas de tráfico tranquilo del año...
Entonces yo me voy tranquilito por Carlos Antúnez y casi al llegar a Pedro de Valdivia, una amorosa gaia abre la puerta del copiloto y...
Hay gente que tiene la capacidad de endorsar sus errores a los demás. Yo ni siquiera la insulté de entrada, pero creer que pidiendo disculpas quedan exonerados de toda responsabilidad y culpa me dejó con la boca abierta. Finalmente, esta señorita se fue, se desentendió y el que tuvo que ofrecer disculpas por "el mal rato" fui yo. Todo con una sonrisa bien grande y mirando siempre a los ojos.

martes, 28 de enero de 2014

Esta vez el error es mío

Hoy iba al trabajo pedaleando por la vía rápida, como le digo siempre: Diagonal Paraguay al llegar a Vicuña Mackenna, donde fácilmente un 50% de los vehículos doblan hacia el sur, y yo sigo derecho al oriente. Vi cómo un señor de edad, en su camioneta utilitaria blanca, empezó a acercarse a la esquina, y pensé "debería tocarle le campanilla, porque al parecer no me vió, y como sigo derecho...".

Pero me quedé en el supuesto, y no toqué la campanilla, y así de pronto el conductor no me vió, y me hizo una virtual "encerrona", que en verdad era su viraje, sin percatarse de mi existencia. Obviamente, tuve que frenar con cuidado, me dio un poco de susto, y no me pasó nada, ni tampoco le pasó nada al ciclista que iba detrás mío.

La cosa es muy sencilla: los conductores usualmente no ven lo que pasa afuera de las latas de sus vehículos. Los puntos ciegos abarcan con holgura a un ciclista, o a dos ciclistas incluso, y los hacen invisibles, y el viraje parece seguro, hasta que se topan con un fantasma que no avisó, no se quedó atrás esperando el viraje del vehículo mayor, y mucho menos tocó la bocina.


Moraleja para todos los ciclistas: avisemos de nuestra presencia, los conductores van durmiendo, borrachos, distraídos, mirando el celular, y si no establecemos diálogo con ellos, no nos verán.

Para la otra, saludaré efusivamente al chofer de turno, con una sonrisa. Espero no fallar.

martes, 7 de enero de 2014

OH

Vaya, tengo que felicitarlas. Hoy en mi nueva ruta y acompañado de un exquisito pronóstico de 34°C para hoy, varias compedaleras iban por la calle.
De hecho, creo que es la primera vez que veo más personas por la calle que por la vereda y bueno, vale, que así es mucho más entretenido.
Incluso quedé sorprendido con algunos movimientos de mis compañeras de ruta al esquivar maniobras bruscas de parte de los automovilistas. Ojalá no haya sido sólo un espejismo veraniego.

lunes, 6 de enero de 2014

la cicletada de cada día

Todos los días uso la bici para ir al trabajo. Y me encanta.

Suena trivial, pero no lo es. Últimamente descubrí que en mi breve tramo casa-trabajo usar la calle resulta más rápido y seguro que usar la ciclovía, ya que, de la mano de la ley de tránsito, y respetando todas las señales, llego en unos 15 minutos al trabajo.

A un ritmo rápido, pero prudentemente, es la mini cicletada de cada mañana, de ida, y de vuelta.
A veces hago el recorrido infalible hasta dos veces por día, cuando voy a casa a almorzar, o a ver a mi mascota, para que no esté tan sola.

Es mi aventura diaria, el goce simple del pedaleo por la ciudad, que se multiplica por miles cuando es la cicletada del primer martes que organizan distintas agrupaciones de ciclistas, principalmente, Furiosos Ciclistas.

¿No ha ido nunca? Acá le dejo la invitación. No hay nada mejor que pedalear con muchas más personas que aman el pedaleo cotidiano, al igual que uno, en una sinergia perfecta.

Difunda, disfrute, pedalee.



lunes, 9 de diciembre de 2013

Así no se puede

Pajaritos y una especie de rueda de bici de selección natural. Gracias, Darwin.


9:08 a.m., parque Bustamante, iba por la ciclovía, tranquilita.
Cero estrés, total, como dice un amigo, a nadie le dan premios por llegar primero a la oficina. Esta vez no tomé mi ruta alternativa, porque escuché que un semáforo crítico estaba fuera de función, así que me vine por la ruta de siempre, pura ciclovía.

Compartiendo el camino, iban al menos 7 ciclistas, todos prudentes, en dirección a Plaza Italia. Uno que cayera podría causar estragos, pero todos íbamos bien despiertos.

Y en medio de la ciclovía, una señorita caminando, pelo mojado, ritmo acelerado, muy campante. Ya la habían adelantado 4 ó 5 ciclistas, y cuando pasé por su lado, más lento, con cuidado de no rozarla siquiera, no dejé de decirle "Señorita, tenga cuidado, esto es una ciclovía".

"¡CLARO! ¿y cuando ustedes van por la vereda atropellándonos? ¿ah? ¿AH?"

Ni me enforcé en contestarle algo, sus gritos quedaron atrás, ahogados. Creo que el ciclista que iba detrás mío le entregó alguna información pertinente, una nota al margen.

La verdad es que así, con esos argumentos, no se puede siquiera conversar, o establecer un punto de cordura. Entiendo el estrés, entiendo la época del año, que para nadie está sencillo esto de las navidades y las fiestas, y el trabajo y todo, pero así no se puede conversar. Si el argumento es "camino por tu vía, me expongo a un accidente, porque todos ustedes nos invaden nuestra vía", pues la teoría de la selección natural me resulta, por decirlo de algún modo, razonable. No me lo explico de otro modo.

Si con buena intención uno le dice al peatón que va por mal camino, que es peligroso, casi llevándolo de la mano hacia un sitio seguro, y la respuesta es esa...¿qué hace uno?

Así no se puede, no más.

viernes, 6 de diciembre de 2013

El castigo

Desde hace días que vengo pensando en que el verdadero castigo de quedarse sin pega no es eso precisamente.
Todo el mundo reclama por su trabajo: que la pega es jodida, fome, sin proyecciones; que los jefes son unos pelotudos, que la paga es mala y que uno siempre preferiría estar en otro lado, haciendo otra cosa, lo que sea. Cosas manuales, domésticas y pasar más tiempo con las personas que uno quiere.
Por eso cuando me dijeron que ya no seguía, claro, es una sorpresa.
Lo primero que pensé que lo que más me dolería sería la fuente fija de ingresos que supone el trabajo asalariado. Luego pensé que sería el dejar el grupo de trabajo y sí, eso se extraña, así que gracias por los convites a continuar con la tradición de los "desayunos de equipos".
Lo que a un mes de dejar de trabajar más me está doliendo es que me obligaron a bajar de la cleta. De la rutina diaria de la cleta antes de las nueve de la mañana cuando corre un viento helado y de cuando caen los patos asados, digo.
Ese es el verdadero castigo.