Mi tramo de la casa al trabajo y del trabajo a la casa es ínfimo: 3 kms. muy sencillos, que recorro más que nada por calzada, muy poco por ciclovía.
Ayer volvía veloz a casa, en esta ruta: Bustamante a Ramón Carnicer, de ahí a Bilbao, que luego se transforma en Curicó, de ahí a Carmen, para llegar a mi casa. Este tramo tiene más ciclovías que el tramo de "ida", así, tipo 19:00, se satura con ciclistas y autos que viran para irse a casa.
Todo partió con una micro atravesada en la ciclovía + cruce de Curicó con Fray Camilo. Un ciclista con rutera ya estaba alegando pegado a la carrocería. El conductor de micro ni se dio cuenta, probablemente. Una vez se movió, pudimos retomar la ciclovía hacia "abajo".
En la ciclovía de Curicó, donde hay una bencinera en la esquina de Portugal, una moto MadAss con medio cuerpo sobre la ciclobanda amenazaba con tirarse. Gentilmente, le dije "¡Frúncete un poco!", con 6 o 7 ciclistas detrás mío. Adelante, una camioneta con su cola en plena ciclovía nos cerró el paso, y detrás se metió el mismo motorista. Lo miré en la luz roja, y le dije "Pero no te metas por acá, pues... te van a pasar un parte, y no te corresponde estar acá". El tipo asentía con algo de culpa.
Gran cosa, después la moto se perdió en la calzada, como debía ser.
A la siguiente cuadra, un señor de tercera edad caminando con un coche, y dentro del coche un bebé pequeño, en sentido contrario al tránsito de la ciclovía. Pasábamos masas de 100 kilos, de 70 kilos muy rápido, por su lado..."Señor, es muy peligroso! salga de acá!".
Ni se inmutó...
Acto seguido, un ciclista me sobrepasó por la derecha, rozándome, mientras balbuceaba algo con rabia. Seguramente le parecí muy lenta, al bajar la velocidad para no pasar a llevar el coche con guagua.
"Otro conductor de auto estresado que se ha trasladado a la bici"...pensé.
De ahí doblé hacia Carmen, tomando su ciclovía. En la entrada de un edificio, a menos de una cuadra de mi casa, un automóvil se posó delicadamente sobre mi camino (señalado con "cruce de ciclistas, preferencia, cuidado") y abría el portón lentamente.
"¿Me dejas pasar por delante? Gracias!" le ofrecí una sonrisa, mientras metía muy lento la bici en el metro que quedaba entre su parachoques y la entrada al estacionamiento, hasta que ¡Oh, sorpresa! Me echó el auto encima. Mi reacción no fue la mejor, pero mantuve la dignidad. "Espérate un poco, porfa! qué te pasa!".
Esos fueron sólo 3 kilómetros, donde queda patente cómo volvió marzo con brutalidad, y de paso, nos quitó el sentido común en las calzadas, ciclovías, veredas...¿Lección? buscaré una ruta alternativa para volver a casa. A ver si así logro contarles algo positivo la próxima vez.


