martes, 28 de enero de 2014

Esta vez el error es mío

Hoy iba al trabajo pedaleando por la vía rápida, como le digo siempre: Diagonal Paraguay al llegar a Vicuña Mackenna, donde fácilmente un 50% de los vehículos doblan hacia el sur, y yo sigo derecho al oriente. Vi cómo un señor de edad, en su camioneta utilitaria blanca, empezó a acercarse a la esquina, y pensé "debería tocarle le campanilla, porque al parecer no me vió, y como sigo derecho...".

Pero me quedé en el supuesto, y no toqué la campanilla, y así de pronto el conductor no me vió, y me hizo una virtual "encerrona", que en verdad era su viraje, sin percatarse de mi existencia. Obviamente, tuve que frenar con cuidado, me dio un poco de susto, y no me pasó nada, ni tampoco le pasó nada al ciclista que iba detrás mío.

La cosa es muy sencilla: los conductores usualmente no ven lo que pasa afuera de las latas de sus vehículos. Los puntos ciegos abarcan con holgura a un ciclista, o a dos ciclistas incluso, y los hacen invisibles, y el viraje parece seguro, hasta que se topan con un fantasma que no avisó, no se quedó atrás esperando el viraje del vehículo mayor, y mucho menos tocó la bocina.


Moraleja para todos los ciclistas: avisemos de nuestra presencia, los conductores van durmiendo, borrachos, distraídos, mirando el celular, y si no establecemos diálogo con ellos, no nos verán.

Para la otra, saludaré efusivamente al chofer de turno, con una sonrisa. Espero no fallar.

2 comentarios:

  1. un silbato es bueno para despertarlos por las mañanas, pensaran que son los pacos y miran apea todo lados. ;)

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  2. estoy de acuerdo con que van pendientes de cualquier cosa menos de lo que tienen que percatarse y es muy necesario hacerse notar. usar siempre ropajes reflectantes y luces, de día y de noche. últimamente he estado pensando en hacerle un buen cariñito a sus espejos retrovisores, sin embargo, ¿para qué?

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